NUESTRA HISTORIA
En el corazón de Sáchica, un pintoresco municipio de Boyacá, se encuentra Café Zaquencipa, un negocio que combina pasión, tradición y calidad en cada taza de café. Este emprendimiento nació del sueño de Don Miguelito y su esposa, la señora Irma, dos visionarios que creyeron firmemente en el potencial del café cultivado en las laderas occidentales del departamento.
La historia de Café Zaquencipa comenzó una tarde mientras la pareja compartía una taza de café en su casa. Don Miguelito, conocido en la región por su atención al cliente, y la señora Irma, con su talento para crear experiencias inolvidables alrededor de una buena bebida y postres, se dieron cuenta de que el café que producían no solo tenía un sabor excepcional, sino también una historia que merecía ser compartida con el mundo.
Su propósito era claro: transformar la forma en que las personas percibían y disfrutaban el café, promoviendo una cultura de consumo de café de origen boyacense. Querían que cada sorbo contara la historia de su tierra, su clima y su esfuerzo. Sin embargo, no fue fácil.
En una región donde el café comercial era el preferido de muchos, enfrentaron el reto de cambiar mentes y paladares. Educaron a su comunidad sobre las diferencias entre un café genérico y uno de especialidad. Organizaron catas, charlas sobre la importancia de valorar el café artesanal.
Con los años, Café Zaquencipa comenzó a destacar por su calidad. Su café, con un perfil de sabor que combina notas de chocolate, frutos secos y un suave toque afrutado, pronto ganó adeptos más allá de los límites del municipio.
Hoy, Café Zaquencipa no solo es un negocio, sino un referente de lo que significa el verdadero café boyacense. Su sueño de posicionarse como una marca reconocida por su calidad está más vivo que nunca. Don Miguelito e Irma sueñan con abrir nuevos mercados, sin perder nunca de vista su misión de transmitir el sabor auténtico y el alma de Boyacá en cada taza.
En Café Zaquencipa, cada cliente se convierte en embajador de su pasión por el café y su tierra. Y así, paso a paso, sorbo a sorbo, Don Miguelito e Irma están logrando que el café boyacense ocupe el lugar que merece en el corazón de quienes valoran la excelencia.
